Cristián Warnken y la defensa de un Barrio

Un vecino de Vitacura como es Cristián Warnken ha escrito una columna para expresar sus juicios en torno a lo que está en juego en el plesbiscito del día Domingo 15 de Marzo. Ese evento único , nunca antes visto tiene por objeto el llegar a una resolución en torno al conflicto entre la visión de ciudad que propone el Municipio a través del Plan Regulador y los vecinos que se oponen a esta nueva normativa que destruiría lo que va quedando del Barrio.

Aquí en Lonco aún tenemos la posibilidad de actuar para decidir que barrio queremos, y esta a la vista de todos lo que se ha construído con mucho esfuerzo y compromiso. Por lo mismo debemos procurar nuestra participación en instancias tan relevantes. Les invito a leer la columna de Warnken que está llena de sentido común.

Algo huele mal en Vitacura. El plebiscito del 15 de marzo, en el que votarán sus vecinos sobre tres puntos específicos del plan regulador, es sólo el último acto del drama de la destrucción de un barrio. Y, como en una obra de teatro shakesperiana, muchos de sus actores ignoran lo que está en juego, deambulando inconscientes en lo que parece una comedia, incapaces de adelantar el final que se desencadenará en el próximo acto ante sus propios ojos. En nuestra ciudad hemos visto desfilar en las últimas décadas a todos los arquetipos shakesperianos: los bufones, los que practican el silencio cómplice, los soberbios, los mentirosos, los cínicos. Y cuando el cuchillo ya esté a punto de liquidarnos, será demasiado tarde. La grúa descargará inmisericorde su golpe mortal ante el incauto vecino, que de protagonista, de la noche a la mañana pasará a ser el extra de un guión escrito por otro en otra parte: los planos de una torre desmesurada, dibujados en una oficina de arquitectos que vendieron su alma.

Cuando la tragedia está cerca y hay mucha confusión en el aire, hay que hablar claro. Hagámoslo…

Por primera vez en la historia de la república, los ciudadanos de una comuna podrán pronunciarse sobre el futuro de su barrio y de su calidad de vida. Lo que está en juego es mucho más que un boulevard aquí o unas torres acá. Si este plebiscito se realizará, es porque (como en la obra “Fuenteovejuna”) miles de vecinos se rebelaron ante la arbitrariedad de su señor y juntaron firmas que obligaron a la autoridad comunal a convocarlo, a pesar suyo. En este caso, el papel del rey-árbitro supremo lo jugó la Contraloría.

Si gana el “Sí” en este plebiscito, Vitacura dejará de ser en pocos años el barrio que es, para convertirse en el paraíso de la avidez inmobiliaria, del mal gusto arquitectónico (la siutiquería campante), y miles de vecinos seremos prácticamente obligados a emigrar del lugar que escogimos, rodeados por torres invasi-vas y de una arquitectura que envejece mal, y que terminará por desvalorizar nuestras propiedades en un abrir y cerrar de ojos.

¿Estoy exagerando? No: ya conocemos “la mano” de nuestros urbanistas municipales en la materia. ¿Estamos dispuestos a darle un “sí” a una autoridad que autoriza un edificio de 26 pisos (al lado del co-legio Las Ursulinas) en un barrio característico, con edificaciones de baja altura, sabiendo el brutal impacto que eso iba a producir? ¿Estamos dispuestos a darle un “sí” a una autoridad que permitió se levantara una muralla de edificios dentro de un terreno del Sport Français, desafectado para construir, arruinándoles inmisericordemente la vista a los vecinos de Juan XXIII?

Podríamos escribir una antología de las aberraciones de este calibre: algún día lo haremos. Estamos ante el maquiavelismo urbanístico en todo su esplendor: la estrategia consiste en ir colocando torres aisladas en distintos puntos del barrio, para obligar a los que viven en casas aledañas a vender sus propiedades, para supuestamente compensarlos. De esa manera, y en pocos años, manzana a manzana, compensación a compensación, se va devastando un barrio que costó décadas consolidar. La pelea no es contra las torres, sino contra las torres abyectas. No es contra la modernidad, sino a favor de ella, si la entendemos como lo contrario de la barbarie.

Si este 15 de marzo Vitacura macizamente vota “No”, se abrirá la posibilidad de un urbanismo que concilie el legítimo desarrollo inmobiliario con el también legítimo y sagrado derecho a la calidad de vida de los residentes que fundaron el barrio en el que viven. Así nos enseñaron los civilizados griegos (los creadores de la tragedia) a crear las ciudades, las “polis”: desde el amor y el conocimiento de la armonía. Y así la destruyen los bárbaros: desde la ignorancia y la avidez.

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