Vivo en la comuna de Vitacura y me interesan muchísimo los asuntos ciudadanos. Es por eso que dedico esta primera entrada a lo que ocurrió este domingo con el plebiscito.
La consulta ciudadana en Vitacura (la primera de este tipo en la historia de nuestra República) nos deja varias lecciones. La primera es que la organización de los vecinos, de las llamadas “personas de a pie” finalmente comienza a ser una realidad en un país poco dado a las acciones ciudadanas. Puede decirse que Vitacura es la comuna más rica de Chile y que sus habitantes son personas cultas e informadas y que por eso la participación en el plebiscito fue tan alta. Es cierto.
Pero tengo la sensación de que la reivindicación de los barrios es algo generalizado, un movimiento que abarca todas las comunas y ciudades.
Frente a un crecimiento inorgánico y a una explosión inmobiliaria sin cariño por la ciudad, los vecinos de Vitacura fueron capaces de organizarse y hacer valer sus derechos. Que una inmensa mayoría rechazara las tres propuestas del Alcalde Torrealba abre las puertas a un diálogo más profundo sobre el tipo de comuna que queremos y eso es una excelente noticia.
Sin embargo un organismo queda especialmente resentido después de este plebiscito: el Concejo Municipal. Vitacura, al igual que todas las comunas del país, tiene una organización democrática. Los vecinos votan por su alcalde y también por los concejales que 1) fiscalizarán los actos de ese alcalde y 2) representarán a los vecinos y buscarán soluciones a sus problemas. El trabajo del concejo no puede haber sido de muy buena calidad, porque de lo contrario no se hubiera llegado a esta situación extrema en que se plebiscitaron tres propuestas para tres áreas específicas.
El Concejo de Vitacura permitió que el boom inmobiliario en la comuna alcanzara niveles de escándalo. Nada hizo (por lo menos de manera efectiva) para evitar que se otorgaran permisos de edificación de manera casi indiscriminada. Si es que hubo oposición de algún concejal a las políticas inmobiliarias del alcalde Torrealba nunca nos enteramos. Y creo que esta actitud de “dejar hacer” tiene su origen en que Vitacura es una comuna con un electorado mayoritario de centro derecha en que los adversarios políticos del alcalde no han querido o no han podido hacer una oposición efectiva.
La votación históricamente alta que ha tenido Raúl Torrealba sumió a la comuna en una especie de sueño cómodo, del que despertó producto de la organización de un grupo de ciudadanos. La amenaza no provino desde la trinchera política opuesta. No fue un carismático candidato DC el que prendió las alertas en el edificio de Avenida Bicentenario. Fueron los vecinos, que cansados de la poca preocupación de sus autoridades, tomaron cartas en el asunto.
Es de esperar de que tras lo ocurrido este fin de semana, organizaciones de este tipo proliferen en todas las comunas. Hace bien sentirse parte de un movimiento colectivo. Es inspirador y alegra la vida. Y es también de esperar que los concejos municipales, que deben representar a los ciudadanos que los eligen, se fortalezcan para ser un aporte efectivo y trabajen con la dedicación que se merecen los vecinos.
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